POMPILIO, EL GUAPO “CHACAL” DE TACANISTE
Una crónica negra de Nicaragua
Editado por el Pastor Noé Abraham Hernández
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7 DE SEPTIEMBRE DE 1957
Hay fechas que el calendario apenas registra.
Y hay otras que parecen quedar escritas con tinta indeleble en la memoria de un pueblo.
El 7 de septiembre de 1957 fue una de ellas.
Aquel día, en la Hacienda Tacaniste, ubicada sobre la carretera que salía de Managua buscando la frescura de El Crucero, ocurrió una tragedia que estremeció a Nicaragua y que, con el paso de los años, habría de convertirse en una de las historias más oscuras de nuestra crónica criminal.
El protagonista fue un joven jornalero boaqueño.
Su nombre:
Pompilio Ortega Arróliga.
Pero la historia terminaría recordándolo por otro nombre.
Uno que los periódicos le dieron y que quedó grabado en la memoria nacional:
EL CHACAL DE TACANISTE
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EL MUCHACHO DE OJOS CLAROS
A mediados de los años cincuenta comenzó a llegar a la Hacienda Tacaniste un joven campesino procedente de Boaco.
Se llamaba Pompilio Ortega Arróliga y trabajaba como jornalero en una finca vecina llamada Los Placeres.
Tenía 23 años.
Las descripciones periodísticas de aquella época lo presentaban como un joven de buen parecer: tez y ojos claros, boca y nariz finas, de complexión ni flaca ni recia.

Pero detrás de aquel rostro aparentemente tranquilo comenzaba a crecer una obsesión.
Pompilio se había fijado en Celina, nieta de los propietarios de Tacaniste.
Celina tenía apenas 16 años.
Pero ella no correspondía sus sentimientos.
Lo rechazaba.
Y Pompilio no supo aceptar aquella palabra sencilla:
No.
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UNA CONVERSIÓN QUE NO CAMBIÓ EL DESTINO
Celina había sido criada bajo las enseñanzas de su abuelo, Juan Campos, pastor evangélico.
Pompilio llegó incluso a pensar que quizá la diferencia religiosa era el obstáculo que impedía que Celina lo aceptara.
Entonces se acercó al protestantismo cristiano.
Pero tampoco aquello consiguió conquistar el corazón de la muchacha.
Y lo que parecía ser solamente un enamoramiento comenzó a convertirse en algo mucho más oscuro.
Una obsesión.
Una obsesión que terminaría desembocando en sangre.
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EL DÍA QUE TACANISTE ENTRÓ EN LA HISTORIA
7 de septiembre de 1957.
La fecha quedó marcada.
Pompilio llegó a la casa.
Celina estaba en la cocina.
Le pidió nuevamente que fuera su novia.
Ella volvió a rechazarlo.
Él intentó abrazarla.
Celina escapó gritando.
Sus abuelos, Juan Campos y doña Eloísa, salieron en defensa de la muchacha.
Doña Eloísa logró golpear al joven con un garrote.
Y entonces sucedió lo impensable.
Pompilio tomó el machete.
Más tarde, al declarar ante las autoridades, describiría aquellos momentos con una frase que todavía estremece:
«“Yo veía una nube roja ante mis ojos.”»
Y el machete comenzó a caer.
Doña Eloísa fue asesinada.
Don Juan también.
La casa quedó sumergida en el horror.
Pero Celina todavía estaba viva.
Y corrió.
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LA HUIDA
Celina corrió por los terrenos de la hacienda.
Quizás pensaba que el campo podía salvarla.
Quizás esperaba encontrar ayuda.
Pero terminó resbalando en un barranco.
Pompilio la alcanzó.
Y allí, frente al hombre que acababa de matar a sus abuelos, Celina pronunció unas palabras que parecen pertenecer a una tragedia escrita para la oscuridad:
“¡Ya mataste a mis abuelos, ahora matame a mí!”
La nube roja de la que había hablado Pompilio no desapareció.
Celina fue asesinada.
Después ocurrieron actos de extrema profanación y mutilación de sus restos.
La tragedia había alcanzado un nivel que conmocionaría a todo el país.
Tres personas habían muerto.
Y Nicaragua acababa de conocer uno de sus crímenes más espantosos.
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NACE EL “CHACAL”
Los periódicos comenzaron a llamarlo:
“El Chacal de Tacaniste”.
El sobrenombre quedó unido a su nombre para siempre.
Pero la historia todavía guardaba una de sus partes más desconcertantes.
Porque mientras Nicaragua hablaba horrorizada del triple asesinato, algunas mujeres comenzaron a acercarse a los juzgados para conocer al acusado.
Su apariencia física parecía producir una extraña fascinación.
El historiador Bayardo Cuadra recordaría posteriormente aquella reacción de algunas mujeres ante el famoso asesino.
Una empleada del Teatro Margot, Berta Fonseca, llegó incluso a declarar que deseaba casarse con Pompilio porque lo consideraba “guapo y sufrido”.
La declaración le costó su empleo.
Y después apareció un abogado que aseguró que defendería a Pompilio por cuenta de una señora rica que prefería permanecer en el anonimato.
Parecía una novela.
Pero no lo era.
Los muertos eran reales.
El dolor era real.
Y Tacaniste había quedado marcado para siempre.
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TREINTA AÑOS
Pompilio fue condenado a 30 años de prisión y enviado al Fortín de Acosasco, en León.
Parecía que detrás de aquellos muros terminaría la historia.
Pero no.
En agosto de 1964, Pompilio escapó junto con otros nueve reos.
El hombre que había estremecido a Nicaragua volvía a estar libre.
La persecución continuó.
Hasta que finalmente fue localizado en la hacienda Santa Teresita, en León.
Era el 13 de agosto de 1965.
Una patrulla de la Guardia Nacional rodeó el lugar donde se encontraba escondido.
Según el relato periodístico, Pompilio salió con un machete en la mano e intentó escapar hacia el monte.
Entonces sonaron los disparos.
Tres balas lo alcanzaron.
Caminó todavía algunos pasos.
Después cayó.
Tenía 32 años.
Y allí terminó la vida del hombre.
Pero no la historia.
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JUAN CAMPOS: EL PASTOR
Hay algo más que debe recordarse cuando se habla del 7 de septiembre.
Porque aquella fecha no solamente quedó relacionada con el nombre de Pompilio Ortega Arróliga.
También quedó ligado a ella el nombre de Juan Campos.
Pastor evangélico.
Abuelo de Celina.
Hombre de fe.
Los registros históricos de la época documentan la actividad evangelística de Juan Campos en Nicaragua y su dedicación a la predicación del Evangelio.
Y años después, dentro de la Convención de Iglesias Evangélicas Centro Americana (CIECA), se estableció mediante acuerdo que el 7 de septiembre fuera celebrado como Día Nacional del Pastor en Nicaragua, en honor a Juan Campos, a quien la iglesia considera mártir del Evangelio en Nicaragua.
No se cuenta actualmente con el dato exacto de la fecha en que aquella asamblea tomó el acuerdo, pero la fecha conmemorativa ha quedado establecida dentro de CIECA.
Y aquí aparece una de esas paradojas que solamente la historia puede producir.
El mismo 7 de septiembre que recuerda una de las tragedias criminales más estremecedoras de Nicaragua se convirtió también en una fecha para honrar al pastor.
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DOS NOMBRES, UNA FECHA
Pompilio Ortega Arróliga.
Juan Campos.
Dos nombres unidos para siempre por una misma fecha.
Uno quedó asociado a la tragedia de Tacaniste.
El otro, a la memoria de un pastor que, según la conmemoración de CIECA, entregó su vida en defensa de su familia y de sus principios cristianos.
Uno representa la oscuridad de un crimen.
El otro, el recuerdo de un hombre de fe.
Y así, con el paso de los años, el 7 de septiembre adquirió un significado doble en la memoria nicaragüense.
Una fecha de dolor.
Y una fecha de honra.
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EPÍLOGO
Han pasado casi siete décadas.
Los caminos cambiaron.
Las casas cambiaron.
Los árboles crecieron.
Los periódicos que contaron aquella historia se volvieron páginas amarillentas.
Pero algunas historias se niegan a morir.
Permanecen en los archivos.
En la memoria de los ancianos.
En las conversaciones de quienes todavía recuerdan los grandes sucesos que estremecieron Nicaragua.
Y entre esas historias aparece el nombre de Pompilio Ortega Arróliga.
El muchacho de ojos claros.
El jornalero boaqueño.
El hombre que no aceptó el rechazo.
El asesino de tres personas.
El prisionero.
El fugitivo.
Y finalmente, el hombre que murió tratando de escapar hacia el monte.
Pero también aparece Juan Campos.
El pastor.
El abuelo.
El hombre de fe.
El nombre que la iglesia evangélica nicaragüense decidió honrar en esa misma fecha.
Porque hay historias que terminan con la muerte.
Y hay otras que comienzan precisamente cuando alguien decide recordarlas.
Así que si alguna vez pasa por los antiguos caminos de Tacaniste cuando la tarde comienza a apagarse y el viento baja de las montañas…
Quizás recuerde aquel 7 de septiembre de 1957.
Y quizás comprenda que no todas las fechas que pesan sobre la historia de Nicaragua pertenecen solamente al pasado.
Algunas siguen hablando.
Unas desde las páginas de los periódicos.
Otras desde los púlpitos.
Y otras…
desde el silencio.
FUENTES Y CRÉDITOS
Datos históricos y referencias periodísticas:
Archivo y publicaciones del diario LA PRENSA de Nicaragua, incluyendo sus trabajos sobre los crímenes que han marcado la historia del país.
Referencias históricas sobre Juan Campos: registros misioneros de la época consultados para documentar su actividad evangelística en Nicaragua.
Edición y adaptación narrativa:
Pastor Noé Abraham Hernández
Conmemoración eclesiástica:
La presente crónica incorpora el acuerdo de la Convención de Iglesias Evangélicas Centro Americana (CIECA) mediante el cual se conmemora el 7 de septiembre como Día Nacional del Pastor en Nicaragua, en honor al pastor Juan Campos, considerado mártir del Evangelio en Nicaragua.
Nota: No se dispone en esta edición del dato exacto de la fecha y asamblea en que fue adoptado dicho acuerdo. Las descripciones ambientales y recursos de suspenso corresponden al tratamiento literario de esta crónica; los hechos históricos se basan en las referencias periodísticas e históricas señaladas.